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La Economía de la Conducta y la Neuroeconomía se abren paso en la educación

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Estas disciplinas postulan modelos que rigen la toma de decisiones muy distintos a los que explicaba economía clásica. ¿De qué se trata cada una?

En la actualidad,  indica un artículo publicado recientemente por iEco, el “ya considerable corpus de estudios experimentales y empíricos sobre comportamiento económico se ha incorporado a los programas de posgrado en las universidades argentinas”.

La Economía de la Conducta, también conocida como “behavioral economics”, se comenzó a difundir con fuerza en 2002, cuando el psicólogo Daniel Kahneman recibió el Premio Nobel de Economía, legitimando definitivamente la relación entre la psicología social y el mundo del dinero, la administración y la toma de decisiones. Uno, de varios conceptos fundamentales de esta teoría es  la “aversión a las pérdidas” (la angustia asociada con una pérdida económica es mayor a la felicidad que provoca una ganancia equivalente).

La Neuroeconomía combina la economía con la psicología y toma las neurociencias para complementar y minimizar los sesgos que cada disciplina tiene.
Según explica Andy Garcia Peña, ‎destacado conferencista y docente peruano en materia de innovación estratégica, las falencias de cada una de ellas son:

  • De la economía: pensar que “nuestras decisiones son totalmente racionales” y no reflejan la forma real de tomar decisiones.
  • De la Psicología: la psicología (cognitiva) deja de lado el “qué sucede en el cerebro de la persona cuando está pensando qué decisión tomará, y qué decisión toma al final”.
  • De las Neurociencias: observan el cerebro, pero solo la parte biológica, dejando de lado la parte social, porque las personas decidimos de una forma cuando estamos solos, y de una forma diferente cuando estamos en sociedad.

Así, la Neuroeconomía busca incorporar en el análisis económico las variables emocionales presentes en los seres humanos al momento de tomar una decisión económica. Junto con las variables racionales (las únicas tenidas en cuenta por la teoría tradicional), las de tipo emocional definen el rumbo final de cada una de esas decisiones.

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