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Hablemos de Ciber-seguridad

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Por Francisca Rojas, Responsable del área de Desarrollo Pedagógico de Colegium, plataforma de gestión escolar. 

Uno de los desafíos más importantes en lo que respecta a la seguridad virtual, es aprender a lidiar con los peligros del mal uso del internet y de las redes sociales. ¿Cómo regular la libertad de la red sin caer en la censura de la información?

Es indudable que el avance acelerado de la técnica y la tecnología ha traído grandes cambios sociales. Uno de los cambios más profundos corresponde a la manera en que, actualmente, nos relacionamos con la información y el conocimiento. Antiguamente, eran los padres o la escuela, de forma exclusiva, quienes enseñaban los oficios y saberes a los menores. Hoy, nuevas herramientas y soportes tecnológicos han erradicado para siempre dicha asimetría.

Existe una cuota de humor, y otra de resignación, al hablar de brechas generacionales. Sin embargo, olvidamos que las diferencias culturales entre una generación y otra repercuten de manera directa en la manera en que adultos y los chicos se relacionan. El desconocimiento circunstancial de los padres sobre las diferentes experiencias virtuales que tienen sus hijos impide que estos participen activamente de la vida digital de los menores.

Por todo lo anterior, no es errado pensar que las redes sociales y la exposición al mundo digital son los desafíos más grandes para madres y padres de este siglo. El dinamismo y cambio acelerado de estas plataformas ha obstaculizado que acompañemos a los niños y jóvenes y evitemos conductas de riesgo que, lamentablemente, gracias a internet se difunden con mucha más rapidez.

Lamentablemente, los riesgos que habitan en internet no son muy distintos a los que como sociedad hemos normalizado en la vida real, como la violencia y la discriminación. El problema radica en que fenómenos como el ciberbullying, el grooming, y otros tipos de violencias virtuales, son experimentados de manera silenciosa.

Una de las últimas manifestaciones de estos riesgos virtuales viene de la mano del nuevo “Reto de Momo” que, si bien surge en 2016, se masificó recién a fines del 2018. Se trata de la imagen de una mujer de aspecto cadavérico, con una nariz casi inexistente y una boca muy amplia, similar a un pájaro, que se aparece en medio de capítulos de dibujos animados infantiles y videos de Youtube, interpelando a quien lo vea a cometer acciones arriesgadas o violentas, en general relacionadas con la autoflagelación y, en última instancia, el suicidio.

Esta terrorífica imagen fue creada a partir de una obra de Keisuke Aiso, artista que participó como expositor en una feria de arte de terror en Japón. El impacto y masificación de dicho reto ha sido tal, que el mismo autor decidió destruir su obra a principios de este mes, para dar fin a los rumores y evitar que estos videos provocaran más daño en la población.

Pero no solo este reto, con su gravedad, es el riesgo de internet. En las redes, hay múltiples formas de violencias que pueden afectar a los chicos y chicas. La adolescencia es una etapa especialmente sensible, pues en ella se reafirma la autoimagen de los jóvenes y se establecen relaciones que impactan, positiva o negativamente, en la construcción de la personalidad de los jóvenes.

Muchas de las prácticas virtuales de los adolescentes pueden ser interpretadas como intentos desesperados por pertenecer o ser aceptados por un grupo particular, lo que nos habla de la profunda afección que la inseguridad y la falta de afecto puede tener en esta etapa de la vida. Ejemplo de ello son las discriminaciones en los famosos grupos de whatsapp, la difusión de fotos que exponen la intimidad de otros o exacerban ciertos rasgos físicos, la cada vez más diversa posibilidad de establecer relaciones virtuales porque son “más cómodas” y más fáciles que una relación en persona, entre otros conflictos sociales actuales.

Las consecuencias psicológicas de este tipo de fenómenos son múltiples e incluyen estrés, ansiedad, impotencia, bajo o nulo control de la ira, devastadora baja de autoestima, entre otros. Sin embargo, no se deben ignorar las graves consecuencias físicas que estos hechos provocan, como la relación que los chicos y chicas tienen con su imagen y sus cuerpos. Muchas veces, estas manifestaciones físicas son las últimas en aparecer, pero son una de las señales de alerta más claras que tenemos para intentar resolver estos conflictos.

¿Cuál es la mejor manera para acompañar a los chicos y adolescentes, entonces? Nunca está de más recordar que la base de una crianza responsable y exitosa está cimentada en la confianza y en el diálogo constante. Es solo por medio de la comunicación efectiva que podemos resguardar a los niños y jóvenes.

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